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viernes, enero 25, 2019

Oveja Negra

Incluso por un momento, por muchos, por todos. Por todos aquellos momentos que me presenté ante la vida con la idea campal de que no me derrotaría para nada, que estaría muerta de la risa y antes de eso, arrodillada nunca. 
Desde que lo sé, siempre he ido contracorriente, siempre fue ese tipo de persona que estaba harta de nadar en aguas profundas sobre un tema en específico porque me terminaba aburriendo. Es como ahora que mantengo mis relaciones amistosas, familiares y amorosas (cuando las tengo) por un lapso breve de tiempo. Mi familia me representa confort después de un tiempo, porque siempre me recuerda que aún soy la "niña de la casa", mis amistades me recuerdan que soy un ancla o pilar o lo que sea que les represente, ¿ven ahora los extremos? Mis relaciones amorosas, las mantengo a distancia y les dejo ver lo suficiente para que logren quererme y para lograr quererlos. Soy hermética. No dejo que la gente se me acerque tanto, ni tan profundo, se irán de todos modos ¿no?
Incluso cuando les cuento todo de mí, no logran entrar a la mitad del pasillo. Soy buena persona para mantener relaciones a flote y mala persona cuando se necesita que me deshaga de esos lazos. No sé si sea practicidad, frialdad o si todavía estoy divagando entre lo que pienso y lo que siento. Se me complica eso de poner en orden mi interior. Solamente lo hago cuando concienzudamente me cuestiono a mí misma sobre algo que me inquieta y siempre que lo hago, lo hago frente al espejo. No puedo mentirme a mí misma, sólo puedo disimular. 
Y por qué "oveja negra". Simplemente porque me parece más fácil ir contra corriente. Es como si se presentara un reto y el sacrificio me supiera a gloria, aunque lo único que sacrificio es guardarlo todo en silencio. 
Para mí mamá, antes de ser esa "hija admirable", fui una rebelde que todo por un oído le entraba y le salía por el otro. 
Para las monjas, aquella niña que supuestamente pedía amor pero, detestaba los abrazos. Porque no sabía darlos y hasta hoy, soy selectiva con ellos.
Para los demás, la que no encaja pero ahí está. 
Todos los días que necesito una respuesta a mis inquietudes practico un juego que me enseñaron las monjas. La diferencia es que ellas usaban la biblia y yo, un libro al azar, porque todos los libros siempre tienen algo que decir. Recuerdo que la madre Naty decía, "en el momento en que abres la biblia, esta empieza a hablar contigo. Siempre tiene un mensaje para ti. Todos los mensajes son diferentes, puesto que es a libre interpretación y necesidad". 
Yo hago lo mismo, tomo un libro al azar y lo abro en una hoja, elegida también al azar. Hoy lo volví a hacer porque necesita una línea, un párrafo, un capítulo que me llevara a pensar. Y leí, "la verdad es dura para aquellos que la saben y les duele porque les hiere hasta el centro". Esto me decía mucho de lo que sentía ayer y con lo que me dormí pensando, porque en el pasado no hice nada. Yo sabía que todo ese peso iba detrás de mí y quise dejarlo a un lado, dejarlo pasear alrededor de mí mientras crecía a cada momento. Y entendí que hacer nada, es hacer algo que no me lleva a nada. Al final, estaba sola. Con mi rebeldía. Porque puedo seguir las reglas ante la burocracia pero ante la vida, siempre he mostrado la espalda. 
Al hombre que amé tanto, le di la espalda. A los sueños que tuve, los he domado a mi antojo y todo lo que se supone normal, siempre encuentro la manera de que no tenga sentido. En fin, yo misma me he cortado las venas por placer y de todo eso, apenas estoy aprendiendo a curarme las heridas.  

  

domingo, noviembre 18, 2018

Anhelo

Entiendo que la gente se aburra de hacer lo mismo todos los días, yo soy una de ellos. Me aburro si un trabajo se vuelve monótono y renuncio. Si la escuela se vuelve monótona, me dan ansias por terminarla. Es como una carrera personal entre el pendiente y mis ganas de terminar. 
He estado leyendo el mismo archivo, tantas veces, cada vez me parece diferente y tedioso. He estado viendo a la misma gente con sus peores actitudes y quisiera correr. Desde que inició la semana he estado llorando, unos días me contengo porque no es el lugar. Me he despertado cansada sin siquiera sentir dolor y hasta a veces, me he inventado achaques que no son propios de mi edad, esperando a que me imposibilite salir al exterior. 
Pero viene la conciencia a decirme: tú eres la líder. Sabes que si te quedas ya no funcionará. 
No me malinterpreten pero, han dejado en claro que lo soy. No les interesa, no quieren hacerlo porque no saben que harán después de que toda esta etapa de sus vidas acabe. Tal vez, uno siga como parásito cohabitando al "sugar daddy"; el otro conseguirá trabajo con su madre mientras satisface a la vecina insatisfecha que tiene novio; la otra seguirá buscando la manera de comprar el último iPhone. La última, que me sigue en mando y que no entiende de comercio exterior, seguramente buscará su camino en otras materias. Y yo, que me he venido abajo, que soy la líder, espero siquiera conseguir un trabajo y sino, al menos crear mi propio plan de trabajo. 
Desde hace mucho hago el papel de mamá, de mujer independiente y de estudiante. Y no sabría explicar, a ciencia cierta, qué demonios pasa con ellos. Es como si no entendieran pero, lo hacen; simplemente fallan porque no ven más allá. Quieren viajar ¿a dónde? Quién sabe. Quieren ganar dinero ¿Cómo? Quién sabe. No hay plan A ni plan B. 
El viernes fue mi declive total. Eran las 3 de la tarde y yo seguía en la cama. A las 6 de la tarde tuve una exposición donde todo salió mal, porque el equipo nunca congenió en su totalidad. En la noche, me dolía el cuerpo, el alma, las ganas, el pensamiento. Y tenía ese anhelo de no pensar en los demás, ni siquiera por mí. 
Usualmente, cuando me duele el "ente", tomo una ducha larga, es como si el agua me transmitiera consuelo. Y cuando por fin pensé que se acabaría el día, fue cuando me dejé ir en llanto, a gritos, en busca de ayuda. Una palabra, un abrazo, una compañía silenciosa y ahí fue cuando me di cuenta que por más que busqué no había nadie. 
Hago uso de esa frase común que ahora todos usan: te buscan y ahí estás para ellos; tú buscas y nunca los encuentras. 
Mi familia me dice: ¡Tú eres fuerte! Me canso de serlo. Me veo fría, seria, casi enojada, ruda (algunos dicen) pero, también gozo de una parte sensible, la que casi no le comparto al mundo. Soy callada pero, cuando hablo es cuando tengo algo que decirle a esa gente que quiero que sepa, a la que le tengo confianza. 
No le ando sonriendo a cualquiera, porque parece permiso para coquetear o pasarse de listos. No le ando hablando a todos, aunque saludo a muchos. 
Y sí, como dice mi mamá, "los callados llevamos la música por dentro", soy mejor persona callando que hablando. En redes sociales digo puras pendejadas, porque para eso son. Lo intelectual, los temas serios, las crisis y los secretos me lo guardo para quien quiera saberlo y quien quiera compartirlo conmigo.
Mi declive, que pocas veces me doy el lujo de caer, es el cansancio de ser pilar y llevar el mando. Y a pesar de estar cansada, no bajo la guardia. Dejar de pensar en ellos, de preocuparme y de mostrar empatía. 
Sería bueno, de vez en cuando, poder cansarme y bajar la guardia... un día.  

  

domingo, noviembre 11, 2018

Extranjeros

Cuando era pequeña, todas las tardes me la pasaba en el patio trasero de mi casa. Este patio tenía un árbol de mango, uno de naranja, de aguacate y de limón. Siempre pensé o tenía esta idea normal de crecer, ni siquiera entendía eso de "crecer", en esa misma casa e imaginarme haciendo lo que más quería mientras metía las manos al lodo. 
En 1999, tuve que emigrar a México. Primero, viviendo en Tapachula, Chiapas que está muy cerca de la frontera con Guatemala. Al principio era como vivir en otro mundo. Diferente acento, moneda, costumbres y sentía que era una combinación de muchas cosas... Inexplicable.
hace 4 años, volví a emigrar para estudiar en la Ciudad de México y, hubo un momento en el que hablando con mi madre, tuvimos que ver hacia atrás. 
Mi abuela materna nació en Jerusalén, Israel. Su familia emigró hacia Francia y fue justo en ese momento en el que se dio la Segunda Guerra Mundial. Como muchos judíos, su familia tuvo que escapar. Cuando mi abuela tenía 16 años, se casó con mi abuelo de 35 años ( porque se seguía esa tradición de dar "dotes" por las mujeres), la única observación era que mi abuelo era católico. Entonces, mi abuela se convirtió católica pero sin olvidar sus raíces judías, tuvo 13 hijos y cada uno de ellos tiene un nombre bíblico. A excepción de mis últimas tías que tienen nombres católicos propios de Honduras. 
De mi abuelo paterno, españoles e italianos que llegaron a Honduras a comprar tierras, se quedaron y murieron ahí.
De mis abuelos paternos, eran descendientes de españoles y hondureños. Difícilmente puedo decir que soy completamente hondureña o judía, española o italiana o francesa. 
Luego mis tíos emigraron a Costa Rica, España y Estados Unidos. Después lo hicimos nosotros en México. Mi hermana es mexicana y una de mis primas, también. Somos una combinación de muchos países y hoy en día, ¿quién no lo es? Ahora mi mamá está casada con un suizo, de padre italiano y madre española. 
Así que, quiero suponer que la vida nos va llevando a donde realmente tenemos que estar, incluso si es algo político, social, emocional o económico. Creo en el destino y que no venimos al mundo por nada. ¡Claro! han sido decisiones que otros tomaron antes de nuestra existencia pero, lo que hicimos, cómo nos enseñaron a ser y hacer, lo que hacemos ahora y pensamos hacer después, son pasos para cumplir una misión en el mundo. Y todo depende, también, de lo que vamos a hacer con lo bueno y lo malo.