He estado invirtiendo mi tiempo de todas las maneras posibles para no acordarme de olvidarte.
Si no recuerdo menos me duele, si no te busco no hay vacío y si no hay memoria no hay conflicto.
Se siente como si el clima se pone de acuerdo conmigo; menos te recuerdo y amanece soleado, más te recuerdo y camino entre lágrimas. Lágrimas del cielo y mías, de muchos más con su propia pena.
Camino sin sentido y solo veo la inmensidad llena de pequeños mundos. Lo lejano del tuyo. Mi mundo y el deseo de un agujero negro cerca de ti para que no aparezcas nunca entre días, gestos, lugares y hechos.
El rotundo regreso de Dios a mi vida... gracias a ti, que ya porto la etiqueta de "rezadora", porque siempre recito lo mismo una y otra vez, cada noche.
La madre comprensiva y protectora que me alienta a seguir con mi vida y que a su vez, se muere de ganas de partirte la cara de mustio que te cargas.
La orgullosa amiga que me repite una y otra vez: "te lo dije, es un imbécil".
Y la misma pendeja conocida y extraña tratando de volver a ti, buscando por ti para verte con menos odio y hacer más distante aquel pasado que me unió a ti...
¿Me pregunto cuántos días, horas y segundos me quedan para sentirme así? Porque es un hecho que no serán semanas y mucho menos, años, porque son los que menos tengo.
Ese crucial momento en que ya no te ame y tampoco te odie.
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