Repetí lo mismo tantas veces, no con los labios pero, se repite en mi mente. Creo que lo guardo por un momento, todo lo que pienso, de todo eso un pedazo de verdad se queda en mi cabeza y sólo logro expresar lo más superfluo y creo que he encontrado la mejor manera de evadirlo en silencio. Soñando. Soñando despierta entre las 12 y la 1. La noche y el silencio. Entre una taza de café y el cansancio. Me pregunto, vale la pena soñarte tanto, vale la pena seguir esperando o al menos, seguir pausando lo que sea que esto sea.
He empezado a alzar la vista y otra persona comparte la misma dirección, no sé lo que significa, si oportunidad o confusión. Es muy fácil perderse en el camino y tan borroso se ve el destino. Me siento en la cama y pretendo estar tan agotada que cierro los ojos y al momento de pensarle, me quedo dormida.
Tal vez, no estoy pensando en blanco, es posible a mi mala suerte, en tener tintas a medias de colores grisáceos de lo que quiero sentir y controlar. Lo evado tanto que un día de estos saldré corriendo a su encuentro para poder decirle nada.
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