Cuando era pequeña, todas las tardes me la pasaba en el patio trasero de mi casa. Este patio tenía un árbol de mango, uno de naranja, de aguacate y de limón. Siempre pensé o tenía esta idea normal de crecer, ni siquiera entendía eso de "crecer", en esa misma casa e imaginarme haciendo lo que más quería mientras metía las manos al lodo.
En 1999, tuve que emigrar a México. Primero, viviendo en Tapachula, Chiapas que está muy cerca de la frontera con Guatemala. Al principio era como vivir en otro mundo. Diferente acento, moneda, costumbres y sentía que era una combinación de muchas cosas... Inexplicable.
hace 4 años, volví a emigrar para estudiar en la Ciudad de México y, hubo un momento en el que hablando con mi madre, tuvimos que ver hacia atrás.
Mi abuela materna nació en Jerusalén, Israel. Su familia emigró hacia Francia y fue justo en ese momento en el que se dio la Segunda Guerra Mundial. Como muchos judíos, su familia tuvo que escapar. Cuando mi abuela tenía 16 años, se casó con mi abuelo de 35 años ( porque se seguía esa tradición de dar "dotes" por las mujeres), la única observación era que mi abuelo era católico. Entonces, mi abuela se convirtió católica pero sin olvidar sus raíces judías, tuvo 13 hijos y cada uno de ellos tiene un nombre bíblico. A excepción de mis últimas tías que tienen nombres católicos propios de Honduras.
De mi abuelo paterno, españoles e italianos que llegaron a Honduras a comprar tierras, se quedaron y murieron ahí.
De mis abuelos paternos, eran descendientes de españoles y hondureños. Difícilmente puedo decir que soy completamente hondureña o judía, española o italiana o francesa.
Luego mis tíos emigraron a Costa Rica, España y Estados Unidos. Después lo hicimos nosotros en México. Mi hermana es mexicana y una de mis primas, también. Somos una combinación de muchos países y hoy en día, ¿quién no lo es? Ahora mi mamá está casada con un suizo, de padre italiano y madre española.
Así que, quiero suponer que la vida nos va llevando a donde realmente tenemos que estar, incluso si es algo político, social, emocional o económico. Creo en el destino y que no venimos al mundo por nada. ¡Claro! han sido decisiones que otros tomaron antes de nuestra existencia pero, lo que hicimos, cómo nos enseñaron a ser y hacer, lo que hacemos ahora y pensamos hacer después, son pasos para cumplir una misión en el mundo. Y todo depende, también, de lo que vamos a hacer con lo bueno y lo malo.
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