¿Quién no es chismoso aún en su pequeño círculo familiar? Bueno, en cierta medida todos estamos envueltos en dimes y diretes. Los chismes son como una canica que mientras va rodando, va creciendo. Un teléfono descompuesto que trasmite todo a conveniencia. Un emparedado de verdad y mentira. Un argumento de muchas bocas y poca lógica.
Cosas así me persiguen todo el tiempo. Lo mejor que me puede seguir y doy crédito por eso, es que digan que soy una amargada o una mala persona ¿Por qué? Porque no me gustan las injusticias y me caga, CAGA, la gente que quiere pasarse de lista. Siempre he creído que esas personas tienen un karma pesado que algún día les ha de caer.
Siempre he tratado de ser transparente, siempre. Desde que aprendí a no mentir, porque yo era una verdadera mentirosa, no podía vivir un día sin hacerlo. Cuando perdí la confianza de personas cercanas, tuve que aprender a decir la verdad.
Ahora que ya estoy más vieja, se me complica un poco mentir. Si no digo lo que pienso en palabras, se puede leer en mi cara. Me he convertido en una persona sin filtros y lo peor de todo, no me queda remordimiento de decir la verdad.
Es por eso que si alguien escucha algo de mí, siempre lo invito a preguntarme si dije o no dije; si hice o no hice. Porque la gente habla de mí, puede engrandecer lo malo y subestimar lo bueno. Puede decir qué hice o no hice y yo sin saber si lo hice o no. Si dije o no dije y yo sin saber si lo dije o no.
Mucha gente se aleja por lo que imagina y no por lo que realmente sucede. Se ofenden, se enojan, se van...
Dicen las malas lenguas que, después de todo, se va el que no quiso preguntar...
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