domingo, noviembre 18, 2018

Anhelo

Entiendo que la gente se aburra de hacer lo mismo todos los días, yo soy una de ellos. Me aburro si un trabajo se vuelve monótono y renuncio. Si la escuela se vuelve monótona, me dan ansias por terminarla. Es como una carrera personal entre el pendiente y mis ganas de terminar. 
He estado leyendo el mismo archivo, tantas veces, cada vez me parece diferente y tedioso. He estado viendo a la misma gente con sus peores actitudes y quisiera correr. Desde que inició la semana he estado llorando, unos días me contengo porque no es el lugar. Me he despertado cansada sin siquiera sentir dolor y hasta a veces, me he inventado achaques que no son propios de mi edad, esperando a que me imposibilite salir al exterior. 
Pero viene la conciencia a decirme: tú eres la líder. Sabes que si te quedas ya no funcionará. 
No me malinterpreten pero, han dejado en claro que lo soy. No les interesa, no quieren hacerlo porque no saben que harán después de que toda esta etapa de sus vidas acabe. Tal vez, uno siga como parásito cohabitando al "sugar daddy"; el otro conseguirá trabajo con su madre mientras satisface a la vecina insatisfecha que tiene novio; la otra seguirá buscando la manera de comprar el último iPhone. La última, que me sigue en mando y que no entiende de comercio exterior, seguramente buscará su camino en otras materias. Y yo, que me he venido abajo, que soy la líder, espero siquiera conseguir un trabajo y sino, al menos crear mi propio plan de trabajo. 
Desde hace mucho hago el papel de mamá, de mujer independiente y de estudiante. Y no sabría explicar, a ciencia cierta, qué demonios pasa con ellos. Es como si no entendieran pero, lo hacen; simplemente fallan porque no ven más allá. Quieren viajar ¿a dónde? Quién sabe. Quieren ganar dinero ¿Cómo? Quién sabe. No hay plan A ni plan B. 
El viernes fue mi declive total. Eran las 3 de la tarde y yo seguía en la cama. A las 6 de la tarde tuve una exposición donde todo salió mal, porque el equipo nunca congenió en su totalidad. En la noche, me dolía el cuerpo, el alma, las ganas, el pensamiento. Y tenía ese anhelo de no pensar en los demás, ni siquiera por mí. 
Usualmente, cuando me duele el "ente", tomo una ducha larga, es como si el agua me transmitiera consuelo. Y cuando por fin pensé que se acabaría el día, fue cuando me dejé ir en llanto, a gritos, en busca de ayuda. Una palabra, un abrazo, una compañía silenciosa y ahí fue cuando me di cuenta que por más que busqué no había nadie. 
Hago uso de esa frase común que ahora todos usan: te buscan y ahí estás para ellos; tú buscas y nunca los encuentras. 
Mi familia me dice: ¡Tú eres fuerte! Me canso de serlo. Me veo fría, seria, casi enojada, ruda (algunos dicen) pero, también gozo de una parte sensible, la que casi no le comparto al mundo. Soy callada pero, cuando hablo es cuando tengo algo que decirle a esa gente que quiero que sepa, a la que le tengo confianza. 
No le ando sonriendo a cualquiera, porque parece permiso para coquetear o pasarse de listos. No le ando hablando a todos, aunque saludo a muchos. 
Y sí, como dice mi mamá, "los callados llevamos la música por dentro", soy mejor persona callando que hablando. En redes sociales digo puras pendejadas, porque para eso son. Lo intelectual, los temas serios, las crisis y los secretos me lo guardo para quien quiera saberlo y quien quiera compartirlo conmigo.
Mi declive, que pocas veces me doy el lujo de caer, es el cansancio de ser pilar y llevar el mando. Y a pesar de estar cansada, no bajo la guardia. Dejar de pensar en ellos, de preocuparme y de mostrar empatía. 
Sería bueno, de vez en cuando, poder cansarme y bajar la guardia... un día.  

  

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