sábado, diciembre 08, 2018

Mis cartas a Valladares (3)



"Querido Valladares: 

Acabo de pensar en lo mucho que no compartimos, esa mañana de domingo en la que no nos dijimos nada y aunque fue un medida de tiempo lo que Dios nos permitió compartir, estoy agradecida. Agradezco tu existencia en tal medida de haberle encontrado a la vida una razón para vivir. 

Todas esas historias que me he inventado han sido gracias a ti. El espantapájaros en el campo se ha vuelto un juego de niñas desde que te vi ese día en la iglesia. Pareciera, me atrevo a deducir, que lo nuestro era cuestión divina."

Celestina escribía cada tarde para luego romper las cartas. Cada una le sonaba peor que la anterior, una más romántica u otra más cortés. Ella quería ser de muchas formas en una sola hoja, quería soltar el pañuelo al aire con la esperanza de que nunca se supiera o quería manejarlo con estricto control mientras los ojos le pidieran a gritos un asomo de verdad. Hacerse notar sin siquiera intentarlo. 

Unos días despertaba con la idea firme de no darle más rienda suelta a su imaginación. Otros días imaginaba que el sol brillaba porque existía Valladares. Dentro de ese amor platónico se escondía una tragedia personal de dicha y desdicha. Una negación que debía ser aceptada pero, prefería ahogarla en el pecho, como cualquier otra planta que hubiese sembrado sobre la tierra.

"Querido Valladares:

Dando por entendido de antemano, espero que sus familiares se encuentren con buena salud..."

Levantaba la hoja y la arrugaba por completo en plena frustración. Volvía a intentarlo con la esperanza de no sonar como su madre cuando quería invitar a las vecinas a la hacienda. O como su padre cuando organizaba juntas de trabajo que terminaban en borracheras irrecordables. Tampoco quería hacerle una invitación relacionada con la iglesia, qué pensaría Dios de ella si usara su nombre para propósitos paganos. Decidió escribir una carta para hacerle pasar una tarde agradable a tomar el té. Porque aún con el calor infernal, siempre habría espacio para una taza formidable de té que "aclimatara" el cuerpo. Tal vez, podría apaciguar las aguas de sus propios pensamientos.  

"Estimado Valladares:

Esperando que goce de buena salud, me tomo el atrevimiento de invitarlo a pasar una agradable convivencia en San Marcos para tomar el té y hacernos compañía. 

Saludos, 
Celestina.  

No hay comentarios: