martes, junio 19, 2018

Lo que no te mata...

Se dice que cuando una persona llega a tu vida o se va de esta, es porque tenía que enseñarte algo importante. Una lección que cambiará tu perspectiva sobre la vida. Para bien o para mal, cambiará lo que pensabas o la manera de actuar no será tan impulsiva o podría serlo más. 
También es cierto, que por más años que una persona pueda tener, sigue aprendiendo. El problema es, ahora lo noto, que se le olvida que sigue aprendiendo. Ser anciano, canoso, de andar lento y sigiloso, no es sinónimo de saberlo todo en la vida. 
Ser una persona que aún joven sabe que está aprendiendo y que es por seguro, que no sepa tanto como alguien de sesenta años, no es sinónimo de que no sepa nada. 
Tener cerca de treinta años y que conozcas menores de veinticinco, no es sinónimo de que sepas más pero, fallan contigo en el camino. Eres un espejo que sirve de reflejo propio y ajeno. Por más madura que seas, también se puede pecar de lo contrario. 
Me di cuenta que, como esta señora, estaba arrastrando ciertas cosas del pasado que no me dejan avanzar y justifico todo aquello que no hago o dejo de hacer con eso, cuando ya pasó y otros años le sobrevinieron. Si no he hecho ciertas cosas, es porque no quiero y llegué a esa zona de confort y de consuelo hacia mí misma, en la que tolero todas mis fallas sin siquiera querer intentarlo. 
Ella se puede quedar con el departamento en el que estoy viviendo. No es el primero, tampoco el último. 
Las lecciones que me deja: No dejarte pisotear ni pisotear a los demás. 
Para exigir honestidad, debes darla. Y, aprende a reconocer que batallas pelear y cuáles no. 
La última y más importante, no te quedas con lo que el pasado te dejó, sigues moviéndote. No añoras, no temes y no te quedas en el mismo lugar. 
Eso, te vuelve más fuerte. 

No hay comentarios: