¿Seguirá siendo mi debilidad? O ¿es de acuerdo a mis recuerdos que lo pienso de esa manera? Le veo feliz y no puedo sentirme mal por eso o feliz porque lo es. No he meditado mucho sobre ello y el pendiente macabro de hacerlo me persigue. Esta noche será adornada de insomnio, de recuerdos mal recordados y de una imaginación estúpida de lo que pudo haber sido, que ahora no es pero, si hubiera sido, cómo sería en adelante. Embargan los pensamientos lastimeros y mi única compinche en esto ya eligió contrincante, mientras yo apuesto todo por alguien que no me dispara ni las buenas noches. ¿A esto me resumo? ¿A desempolvar el pasado? ¿A recurrir como remedio contra mi platónico presente? Siempre me he burlado de eso y por orgullo, estoy segura de que no me permitiría regresar a ese capítulo interminable de mi vida. Porque cada vez que pretendo ponerle punto y final, renace el personaje principal, que una vez fue secundario y decide marcar la pauta con un punto y seguido. ¿Qué se yo del destino? A veces parece que le conozco y a veces, como que no. Le odio y le dejo en indiferencia pero nunca nos mantenemos en paz. Nunca terminamos de despedirnos. Nunca nos terminamos odiando ni siquiera un poco, ni un reclamo y tampoco una lágrima. ¿Qué se supone que tendría que hacer? Si aunque me fuera lejos, en algún lugar del universo, sabría que me podría encontrar y me pongo tantos pretextos de dejarlo en paz de manera silenciosa, como si tratara de convencer a un moribundo diciéndole, que al cerrar los ojos sólo dormirá. Como si fuera eutanasia. ¿Por qué no es la mía? ¿Acaso no se trata de muerte por decisión, convicción? De veras que me jode la esperanza, de volverle a ver y el simple hecho de saber que puede volver, hace que todo lo demás se esfume. ¿Cuándo dejaremos de jugar? ¿ y ahora qué hago con todo eso que no quiero ser porque quiero ser aunque no sea de la misma manera? Incluso me pregunto si realmente no quiero ser.
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