miércoles, mayo 09, 2018

8 de mayo

Lo primero que hago en un día como este (8 de mayo) es, agradecer, lo hago con toda la intención del mundo, lo hago sobremanera y éste año tiene un significado más especial. Si hiciera un resumen de todo lo que me pasó para culminarlo, sería un pinche tema de 12 tomos de 1800 páginas cada uno. En fin, no se trata de eso. Con cada año las decepciones se vuelven más sentidas, las frustraciones llegan a ser constantes. La depresión parece compañera perenne y las alegrías, reducidas a momentos de azar que duran lo que me tardo en pestañear. Desde que inicié los 28, me decepcioné mucho de las personas, de la vida y sobretodo de mí. Supuse que durante esos primeros meses no había pasado una prueba fundamental: recuperarme de una ruptura amorosa que llegó a destacar todo lo malo que se podía sentir y pensé que peores cosas vendrían con eso. Sin embargo, la vida me sorprendió con una recuperación dinámica, constante y segura. Nunca pensé que después del daño hecho, podría decirle a esa persona "te perdono..." y que por propio bien terminara la oración agregando: "... pero, realmente no podemos ser amigos, simple, porque no le aportas nada a mi vida. Te conozco lo suficiente, de buena y mala manera, como para saber que no tendría ningún beneficio para ambos". Viajé otros lugares del país, casi me hice mulata. Celebré una boda,  vi a un viejo amor y a un mejor amigo. Regresé al caos de la ciudad y me di cuenta que no todos son tus amigos, que hay quienes realmente merecen lealtad y confianza infinita, que los demás te dan puñaladas por la espalda y desean verte caer, siempre. Que puedo divertirme con y sin alcohol (pero qué puntería tengo con él). Pensé que con todo eso que no tiene nada de extraordinario y parece un vacío visceral que ni merece contarse, acabaría mis días de universidad... Pero, luego viene la parte que agradezco todos los días. 
Agradezco tanto a Dios, a la vida, al universo, a todo lo que se haya alineado para que yo mereciera a la mamá que tengo, no cambiaría por nada nuestra historia. Esa mujer es la razón por la cual hago lo que hago, por la que mantengo y recupero la fortaleza todos los días. Que extraño mucho poder abrazarla y ver la bendita telenovela aunque no me guste verla, pero con ella. Mi familia entera, porque son mi mayor soporte. Porque bastan unas palabras de apoyo para remediar este fracaso en el que me convierto cuando me siento perdida. Mis amigos, vaya que me ha tocado aprender mucho de ellos. No importa la edad, mi mejor amiga por siempre estar ahí ( a la cual nunca voy a cambiar), todas esas amistades cercanas que llevan más de 10 años conmigo y que parece que el tiempo no pasa entre nosotros. Y mis pequeños amigos, hermosos poemas enfrascados en cuerpos jóvenes pero con almas más quebradizas que un cerillo encendido. Mi familia con miembros elegidos y que por, fortuna o desgracia, se apoyan en mí para encontrar camino, consuelo o compañía. Siempre espero ser la mejor guía, me ayudan, animan y me obligan a ser mejor, que me levantan y zarandean cuando ven que este pilar se está cayendo a pedazos; en cierto modo, mi conecte con el mundo y sus ligerezas. Pequeños adultos que sufren por cosas que estoy segura más adelante entenderán. 
Agradezco estar viva, tener opciones para seguirlo estando y por supuesto, mis ganas de seguir en este mundo, corrupto y perdido pero, el único en el que puedo vivir. La salud me ha puesto retos importantes pero siempre me decidí, estoy y seguiré decidida a tomar este y otros retos. Agradezco a mis pulmones aguantar tanta revuelta de un lado a otro.
Me dicen que soy una terca y también rebelde, porque nunca acepto cuando algo se torna en mi contra o no es lo que esperaba. No acepto un "no" por respuesta. Nada se acaba hasta que se acaba. En realidad, acepto un "no" cuando mi batalla es contra otro mundo (persona. Tampoco voy a forzar a alguien que haga algo que no quiere, obviamente) pero, no con las circunstancias. Y creo que eso me ha llevado a lugares que no pensé visitar y lograr metas que otros no. Agradezco eso de mi.  
Agradezco que exista la dicotomía hacia mi persona, posiblemente, lo malo lo vea como algo que realmente no merezco, en realidad, me lo gano muy fácil. Así como en lo bueno me doy la tarea de demostrarlo. Me quieren o me odian por las mismas razones y hasta este punto, finalmente, lo entiendo. 
Agradezco que mi amor chiquito, mi "güerita" de ojos desiguales y ganadora invicta de un lugar en mi cama y en mi corazón, haya caído en mis brazos. Agradezco su existencia y sus demandas de atención, te encontré sin intentar buscarte, como si el destino dijera que fueras para mi como yo para ti, mi pequeña Galatea. 
Agradezco a los pocos que me leen en este blog, gracias por regalarme su tiempo, de verdad.
Y por último, agradezco ese simple mensaje. Razón por la que estoy sonriendo ahora. Disimulado... Orgulloso, tal vez. Podría adivinar lo mucho que le costó mandar ese mensaje y cuántas veces lo pensó o creo que no... 

En fin, ¡Bienvenidos sean los 29! 

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