viernes, mayo 18, 2018

Casi 30.

Empecé con una crisis, rompí con un juramento estúpido porque ya sabía que no lo cumpliría. No porque realmente no quisiera, es que vi a mi mamá y a mis tías sufrir por el paso de los años y como en cada cumpleaños de sus hijas lamentaban el hecho de no tener nuestras edades. No lamento no tener 22 pero no me alegra llegar a los 30. Suena como una pesadilla tonta donde los años solo van pasando y es que siempre me alegro cuando es mi cumpleaños aunque no haga nada especial. ¿Me alegraré cuando cumpla 30? ¿Cuando sean 31 o más? El simple hecho de pensarlo, es como tener hambre pero al ver la comida, sentir náuseas. 
No me siento lo suficientemente capacitada para llegar a esos extremos. Sí, extremos. Los años se me pasan más rápidos y siento que me la paso más tiempo papando moscas que haciendo algo productivo, tal vez algo que me deje dinero. Digamos que la producción de dinero no es mi fuerte y no es que no pueda, porque ya he trabajado para ganarlo y hacerlo ganar. Siempre encuentro las oportunidades si a eso tengo que enfrentarme. En realidad, no sé en qué momento dije que negocios internacionales sería la mejor opción para mi vida. Por alguna razón, terminé accidentada ahí, en ese hoyo de mentes maestras creadoras de negocios y potenciales productoras de dinero para beneficio propio y del país. Es solo que esa parte de los negocios no es lo mío, ni las aduanas, ni la logística ni las leyes con cláusulas y apartados... Entonces, ¿qué demonios hago ahí? Pues, voy por el lado de los derechos humanos y organizaciones internacionales. A mis 29, no hay de otra, no busco vender nada. Creo que he aprendido a analizar las cosas de manera general como por pedacitos sólo que, me hastía la gente, la mayoría de los alumnos que se enfocan demasiado en algo (si el gato tiene 4 patas no le busquen una quinta), se limitan a un solo punto, cuando puedes presenciar todo lo que te demuestran en clase a la vida cotidiana y sin ser ventas, logística, millones, transnacionales y volúmenes enormes de mercancías... Tienen todo un pinche mundo de cosas que alumbra el bendito panorama. 
Creo que a estas alturas me chocan los discursos técnicos repetitivos, los pretenciosos, los proactivos y los "we don't give a shit!" que hablan con groserías para agradarles a todos. Sé breve. Hace mucho tiempo que dejé de prestar atención o perdí el sentido del asombro. 
Si, tampoco retengo tanto tiempo la información que viene repartida en 50 diapositivas llenas. Me considero muy visual y por lo tanto, escuchar una voz por más de 10 minutos o ver lo mismo durante mucho tiempo, desorienta mi atención a "¿Qué podría hacer en este tiempo que estoy perdiendo sentada aquí? Nada pero, sería libre de hacer cualquier otra cosa que estando aquí". Dios me ayude cuando tenga juntas. 
Tampoco me agrada mucho analizar en equipo, se limitan en todo y es cuando más empeño pongo a escribir con el corazón, de ahí salen todas mis ideas sobre los temas propuestos pero siempre dicen: "es que no pidió eso", destruyen mis ilusiones y por poco, se me muere mi escritor interior. Por eso, he decidido hacer mi tesis yo sola, vomitar todo eso que no dije en trabajos anteriores, explorar ese mundo de debates, un tanto de análisis y otro de enfoque... Es aquí cuando realmente debí estudiar periodismo pero, creo que he tomado el camino correcto: para opinar sobre estos temas, debo conocer las bases y aquí estoy, a un año de acabar la cimentación y con propensión a obtener más canas y menos ganas.
 Quisiera frenar los años sobre mi persona pero, tampoco sería divertido acabar con mi propia existencia como tampoco,  pelear contra el tiempo a base de botox y ropa moderna. Y es seguro que no tendría conclusiones más profundas si no envejeciera cómo lo hago. 

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