¡Cómo pensé en este momento! Pasé toda la noche preocupada por la respuesta de sabios. Creí mil cosas y creé otras en mi cabeza. Estaba pensando, sobre-pensando y re-pensando todas las posibles desgracias que me perseguirían. Me la pasé la noche en vela, en la espera del fantasma de la fatalidad. Cómo me vigila por las noches y altera mi subconsciente. Pienso sin siquiera intentarlo. Estaba muriendo joven por lo que imaginaba y no por lo que realmente pasaba.
Aún cargo sobre mi espalda, aquel monstruoso encuentro con el miedo y sé que me abraza aferrándose a mi esperanza. Igual de terca que yo, decide caminar arrastrando ese peso extra y cuando la realidad me acorrala para calmar mis angustias, vestida de personas que no conozco pero, llenas de razón, golpean sin tocar el miedo hasta empujarlo hacia la oscuridad.
Toda esta mañana entre paredes esterilizadas, andando de un piso a otro, deseando poder cerrar mis ojos y dejarme llevar por el silencio. Desearía escuchar nada por un momento, tal vez eterno. Algo relativo. Extrañamente, escucho sus voces debatiendo la verdad, usando mis manos como parte de la prueba final y es así, que traducido a mi corazón fue: "El miedo se agotó".
Mi cuerpo es el templo que elegí para salvaguardar mis anhelos.
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