domingo, enero 21, 2018

Movilidad

Así que estoy en un programa de movilidad académica, no donde yo viajo, sino donde instruyo a los que vienen al país. Facilitarle las cosas y hacerlo sentir cómodo en la ciudad y la escuela. 
He considerado que es uno de los peores trabajos que puede realizar una persona, más si te topas a estas alturas con las leyes migratorias de los diferentes países que participan dentro del programa...
Así que me tocó instruir a un joven hindú y a una joven colombiana. Si hablamos de ella, no me ha sido tanta la molestia de ayudarle, pues tiene familia en la ciudad. 
Si hablamos de él... Realmente ha sido el detonante de mi frustración semanal, la única causa de mi tristeza y la atadura a un programa al cual no pienso regresar. 
Las leyes de la India parece ser molestas, incluso para sus propios ciudadanos. Tiene que ir aquí, declarar allá, demostrar dónde vivirá, con quién. Si el correo llegó, no llegó. Si hay lugar para él. Contar con un presupuesto para vivienda, comida y transporte. Y la cereza del pastel, él no sabe absolutamente nada de español y no es que no pueda defenderse en inglés dentro de la escuela pero, si hablamos de la vida fuera de ella, tenemos que estaré guiando a un tipo de veintitantos que me enseñará a tener la paciencia de una madre, el cansancio de una trabajadora mal pagada y la cordura más allá del Himalaya...

Estoy en movilidad académica y eso es algo con lo que tengo que vivir los próximos cinco meses, hasta que pueda despedirlo de regreso a su país y de vuelta a mi rutina estresante y a la soledad que me permite ser yo. No hay que malinterpretarme, me gusta conocer nuevas culturas pero esto está muy lejos de conocer una. Es cuidar de ella en una ciudad tan grande e insegura y creo que mis noches de insomnio tendrán color de bandera hindú. 

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