domingo, enero 28, 2018

Desconectada

 Después de dos semanas de un ir y venir constante. Clases de idiomas, términos que no entiendo y equivocaciones en público, todo lo que me ha seguido estas mañanas de frío y moquera constante, me llevaron a un fin de semana de libertad y de pensamientos placenteros. Desconectarme de las cosas y las personas. Mi única interacción con el mundo, mi mamá. 

Dos días de levantarme tarde, permanecer en la cama más tiempo de la cuenta y tener la pasión de cocinar para mí como si quisiera impresionar a un posible novio. Comienzo a creer que ya tengo más amor propio, que la soledad bien aceptada se puede convertir en libertad y que el tiempo que me ofrezco siempre tiene algo que demostrarme sobre mí misma. 

Sé que pocas veces disfrutaré de esto, porque fuera de la fortaleza a la que llamo "casa" hay un mundo que se mueve sin descanso y se revuelca en el caos de mentes que no logran comprenderse. Chocan entre sí y forman una cadena de errores y decisiones que se toman sin desayunar. Ni un vaso con agua. Ni la libertad de ver en el espejo las arrugas que se les van formando con el tiempo. De risas, tristezas y desesperaciones. Más de lo último que de lo primero. 

Todas las mentes deberían desconectarse alguna vez en sus vidas. A Algunos les irá mejor que a otros, cuando sepan que el silencio no es soledad, sino, una invitación a platicar con sí mismo, cómo van las cosas y posiblemente algo nuevo que aprender. En vez de escuchar otras voces que nunca se callan pero que tampoco poseen contenido. 


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