martes, enero 16, 2018

Desde la CDMX

Corres por aquí, corres por allá. Ves a la gente tan diferente porque llevabas un mes sin tratarles. Ahora que voy por el pan, extraño a mis acompañantes del café con pan de 2 pesos de ese pueblo que me vio sufrir, del que ahora me siento nostálgica. 
Camino por las mismas calles interminables, a mismas prisas y sé que he vuelto a mi caos, a la metrópoli que me recuerda el desmadre de mi propia capital. Ese sentimiento tan familiar que ni siquiera necesito tiempo para asimilar de que ya regresé al desorden. 
Regresé a mi frío departamento en donde ahora tomo café a solas, sin primas, ni tías contándome lo que pasó en el día, ni gatos corriendo entre mis piernas. Sin calor, ni el momento utópico de que quedarme en la cama a perder el tiempo mientras imagino mundos tan lejanos. 
Regresé al lugar en donde todo es frío pero, nada es más frío que no tener a nadie que te reciba en casa, incluso si es para maullarme cuando ya regresé de la tienda con el pan que acompañará nuestras pláticas mientras mis tías y primas sirven el café. 

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