De nosotros dos, ¿quién lo es? De nosotros dos, tú huyes más y yo, dejo de correr.
A veces te persigo con la mirada y a veces, tú lo haces. Yo no lo veo pero prefiero no saber. Así no estoy alerta y puede ser que, así no quieras correr.
Unas veces yo soy el gato, jugando a ser tan indiferente; en otro momento, soy el ratón pero, parece que no le temo a la muerte.
A veces invertimos papeles o solemos repetirlos. Unos días somos gatos y otro día, somos ratones, corriendo en direcciones opuestas. Corriendo en círculos.
Otras veces me planto en tu territorio pero nunca, recorres el mío. Esos días estoy jugando al gato y a veces, juego sin querer jugar. Tantos días he decidido no jugar y siempre termino rasguñando. Rasguñando al pensamiento oportuno donde es más fácil tu ausencia que una palabra tuya...
Maldito ratón, me doy cuenta que siempre a esconderte vas... Maldito gato, que aún tengo ganas de rasguñar tu serenidad.
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