Escribí esto porque desde hace días me he visto en el espejo con una historia que contar, las palabras han salido como oraciones en pleno rezo y de todo eso, salió esto...
Hace mucho tiempo, unos seis años, me encontré con una señora que me leyó las cartas. Recuerdo en que insistió bastante para dejarnos ver las venturas que nos traería la vida muy pronto o no tan pronto. Escuché todas las predicciones que iba diciendo con respecto a mis amigas y cuando llegó mi turno, muchos nervios se apoderaron de mí. A media lectura agregó que conocería a tres hombres en mi vida y cuando llegó el momento de nuestra boda, dos hombres se aparecieron ante mí, rogando que no me casara porque cometía un error.
Cuando te conocí no tenía idea de lo mucho que compartirías conmigo y tampoco confiaba en que llegaríamos tan lejos. Había pasado por tantos fracasos que pensé, serías uno más. Traté de no encariñarme contigo o de no ver más allá del día siguiente. Te mostrabas tan callado y siempre con expresión de saber algo que aún yo no. Y desde que tomaste el valor de preguntarme delante de los demás si querría pasar una vida contigo, até en mi mente un lazo contigo, todo lo que representas y todo lo que creía que eso significaba para ambos.
Así que cuando llegaron a decirme que cometía el error más grande de mi vida, me aferré a ese vestido blanco y a ti. Esas cartas que predijeron que algún día te conocería me provocaron un dolor de cabeza y tanta incertidumbre, porque siempre tengo mala suerte para coincidir con las personas correctas. Y en ese día tan importante, tuve incertidumbre de lo que estaba pasando, quise detenerlo todo pero, sabía y quería lo que estaba aconteciendo. Me aferré tanto, a que aunque no fueras tú, yo quería que lo fueras.
Tomé todos mis miedos y dudas y las llevé conmigo al altar. Tomé tus manos e hice promesas que no sabía si cumpliría, aún con todo encima, me prometí a mí que serías tú, siempre. Y no fue un capricho, fue ese revolcón de esperanza que me invadió al instante, al verte esperándome.
Tomé esa vida juntos y empecé a vivirla, contigo, confiando en que siempre estarías a mi lado. Que todo lo que hiciera, sería contigo. Que a donde fuera, sería contigo. Que estarías ahí en toda esa vida juntos. Nunca pensé que la vida llegara a ser tan efímera como tampoco imaginé el final. Posiblemente haya pensado que yo me iría antes que tú pero siguiéndome un día después. O viceversa.
Me preparé en todos estos años a no faltarte nunca porque, el amor se alimenta, se arropa, se cuida, se reacomoda y crece, se fortalece. Pero, en ese tiempo jamás volteé a verme. Dejé a un lado todo lo que tuviera que ver conmigo y le resté importancia sin saber que ambos perdíamos. Cada día me sentía peor y hasta este momento, me doy cuenta que, he recortado esa vida que prometí siempre contigo.
Suelo verte dormido en el sillón mientras no digo nada. Siento el aroma a enfermedad en el aire y pido al cielo un día más. Agoto, supongo, mi existencia a costa de lo mismo. Dime, ¿qué promesa podría hacerle a Dios para quedarme más tiempo contigo? ¿Qué pacto podría ofrecerle al Diablo por verte envejecer conmigo?
Te quería tan eterno conmigo y he sido tan breve entre nosotros que pronto no habrá ninguno.
Me hieren los celos pero, ¿qué podría hacer alguien que ya no existirá por sentirlos? Si la vida pondrá a alguien más en tu camino para que seas feliz ¿Qué podría decirte ahora que te componga el alma? Me resumo en seguirme atando en ese lazo que mentalicé en ti mientras la muerte afila su oz.
Y lo último que puedo decirte es que di todo de mí antes de tiempo. Que hiciste que esta mujer tan fría hiciera algo sin temor a perder y que no le importara hacerlo, porque le cuidaba alguien más que no fuera ella. Que dejaste atar ese lazo y cuando parecía romperse, tú anudabas los hilos rotos. El día que tomé tus manos en ese altar, diste todas las respuestas a mis dudas y dibujaste un camino en donde nublaba mi incertidumbre.
Porque estaba empeñada en que fueras tú, quería que lo fueras, lo fuiste y puedo morir sabiendo que siempre lo has sido.
FIN.
No hay comentarios:
Publicar un comentario