miércoles, julio 11, 2018

Inmunidad

Nadie piensa en lastimarse a sí mismo cuando piensa en otra persona pero, termina cediendo a los efectos colaterales de la no correspondencia. Nadie entiende si está bien o mal, porque todo lo que importa, es lo que se está sintiendo. 
Deseando que todo sea para bien y el universo conspire a favor, mantenemos la esperanza de que todo será como debe de ir, o, se sueña cómo quisiéramos que fuera. 
Lidiar con cuatro paredes, una cama y el techo. Esa mente que nunca deja crear escenarios, todos bonitos, algunos dramáticos y otros con finales felices. La historia nunca termina porque no logramos ver el final, y en vez de cerrar el libro, se escribe un nuevo comienzo.
Nadie piensa en lastimarse a sí mismo pero, muchos se dejan arrastrar por el rechazo. La dignidad corrompida por la arrogancia y el autoestima castigado por el orgullo. Cuando uno se desnuda con quien no le corresponde. La vergüenza le persigue a una y la pena se disfraza con indiferencia. "Hacer que nada pasó". Que duele más...
Estoy escribiendo y mientras lo hago, siento un vacío en el estómago. Estoy segura de que no es hambre. Ya lo he sentido en otros años, no estoy orgullosa ni feliz de lo que siento. Me preocupa y sé que debo ponerle manos al asunto, que no se me escape. Que no fluya, que no se escape de mis ojos, de mis palabras y que no me nuble el pensamiento. 
Las personas sensatas preferimos callar. Es tan difícil. Fríos nos llaman y somos los últimos a los que vienen a abrazar. Sin embargo, nos llaman pilares y cuando nosotros tambaleamos, el mundo ni siquiera se da cuenta. Somos humanos en secreto, porque se supone que ya perdimos humanidad y yo digo, más bien, ya perdimos inmunidad cuando aquello llamado "amor" nos viene a visitar. 

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