En mi inocencia me enamoré de ti; en mi falta de correspondencia me pregunté por qué habías sido tú, precisamente...
Nunca encontré respuesta y en vez de olvidarte, me puse a imaginar una vida ficticia contigo y al final, me enamoré del que había creado gracias a ti.
Parece perfecto pero, no lo es. Tiene todo y a veces, nada. Es un poco más valiente que tú y suelo pelear con él. Nunca nos ponemos de acuerdo. Aún así, estoy dispuesta a vivir con él.
Hice una fantasía con la expectativa de una persona que no existe y aunque es intangible, me toca el corazón de una manera ardiente; es el fuego de mis pensamientos, la gloriosa calma entre mis tempestades, el punto exacto entre la complicidad y el deseo. La utopía deforme sobre dos personas y, más que un sentimiento es una dicha. Tengo el sueño del presente y un amor que se queda para siempre...
Y a pesar de que las palabras salieron muy tarde de la barrera del orgullo, para nosotros, aún tienen valor.
Me enamoré de lo que hice de ti y no de quién eres realmente. Me consolé con eso y he sido tan feliz, que, ahora que te veo no siento nada. Ahora que me hablas no se me estruje el corazón; ahora que me tocas, mi respiración no se agita; ni mis labios planean buscar los tuyos.
Eres exactamente igual a él pero, hace mucho tiempo que le pertenezco.
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