Alma que recorre los días sin destino. Así son los muertos en vida, aquellos que perdieron la esperanza de mejorar las cosas. De mejorar su suerte. Destino que parece borroso, no sabe a dónde ir y no sabe si regresará.
El tiempo parece un enemigo lejano y el desacierto, una constante. Uno tras otro, uno mal... uno peor. Debería apresurar al tiempo o pedirle más tiempo prestado. Lo que parezca factible. Lo que no venda el alma al diablo. Lo que no arriesgue demasiado...
Lágrimas, lágrimas a la derecha, izquierda, de frente y atrás. Me llueven. Me brotan. Se sufre por dentro y se sonríe por fuera. Me sigue preguntando si algún día mejoraremos... Si tengo esperanza, si parezco optimista. Me acompaña y me recuerda que nunca se marchará.
Lloro por ellos, por mí, el tiempo y el desacierto. Me abruma, me enoja y me desnuda. El frío no entra por la ventana, sale de mis huesos. Estoy masticando el polvo, me pisa el rostro y ni siquiera imagino levantarme.
Me critica el aire, me enfría el oído diciéndome que debería marcharme ya. Es un demonio que danza de hombro en hombro, me ofrece su mano y me invita a levitar. Nadie le escucha, sólo yo. Sólo yo tengo la suerte de imaginar demonios en mi cabeza invitándome a abandonarlo todo.
Me abraza el agua, me sostiene y es aquí donde debo permanecer. Hay un secreto en el agua que no me dejaría partir. Hay un dilema en el agua que aplaca el polvo y reprime al aire. Hay una historia que apaga el fuego de todo aquello en lo que no he decidido rendirme.
Hay desacierto, hay neblina y aún así me permito caminar entre demonios, desgracia y veneno. Quién podría matar a alguien que ya está no tiene nada que perder...
No hay comentarios:
Publicar un comentario