Creí que cuando te volviera a ver me dolería hasta los huesos. Que con cada alegría tuya sería una lágrima mía. Que cada paso que dieras sería uno más lejano a mí...
Y en efecto, diste tantos pasos y manejaste la lejanía de tal modo, que cuando quisiste regresar, yo solo sentía afecto por ti. Todo lo que nos había pasado formaban una presente nostalgia pero una realidad fría de que ya no nos conocíamos más.
Entendí que esos 10 años de conocernos, de haber escrito historias en los días y haber llorado cada distancia entre nosotros... Ya no nos pertenecíamos más.
Ahora que ya diste muchos pasos importantes alejados de mí, que te veo sonreír y ser feliz, por primera vez en 10 años, puedo decir que me da gusto verte sosteniendo a tu futuro entre tus brazos.
Después de 10 años, no hay más que verdad en estas palabras. En que entre tu y yo habrá un lazo infinito escrito en un pasado común. Que serás importante aunque no nos volvamos a encontrar. Que podría agradecerte por esa historia tan fugaz y que tal vez por ti, he sido capaz de abandonar con honestidad a aquellos amores que no han llegado para embellecerme la vida, sino, para trasladar sus miedos entre mis ilusiones.
Ahora que estamos a kilómetros, tu feliz a tu modo y yo al mío, que puedo verte aún en la distancia, jamás tendré ningún reproche y tampoco, nada que ofrecerte que sea mejor de lo que tienes. Porque el amor que me guardo ahora ya tiene otro camino trazado, otra oportunidad de entrelazar mis dedos y futuras noches de compartir historias que se enfocan en mi presente y en esta ciudad.
Y espero que cuando me veas alejarme del punto de partida, tu seas feliz por mi, así como me siento dichosa, en silencio, de verte caminar hacia donde no estoy.
Hasta siempre, primera eternidad de mi juventud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario