A veces pasa que cuando una persona del pasado regresa, no nos sorprende.
Ves su nombre o su número plasmado en la pantalla del teléfono y no pasa nada.
Lees el mensaje que seguramente, pensó dos veces antes de enviar y no te dice nada.
Te preguntas si tienes algo decir y no sale nada.
Cierras el mensaje y es como si no hubiera pasado nada.
Te acomodas en la cama, apagas la luz y cierras los ojos.
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