Ya van varios huracanes, un terremoto y no sé cuántas cosas más nos faltan por vivir.
Recuerdo que estaba viendo una serie en Netflix y de repente, los perros de los vecinos comenzaron a ladrar, las cosas empezaron a tambalearse y voces iban sonando por los pasillos. Decidí buscar mis llaves, acomodarme la bata y salir a la calle. No cerré la puerta de mi casa, salí sin ver hacia atrás y caminé por el pasillo. Cada paso tambaleante. Llegué hasta la calle y podía ver a todos los vecinos en ropa de dormir, asustados, algunos sosteniendo a sus mascotas y otros abrazándose. Yo, por supuesto, estaba sola tratando de comunicarme con mis familiares y amigos, mientras la tierra seguía en movimiento, del cielo destellaban luces y los automóviles avanzaban más despacio.
Después de un buen rato, empezamos a entrar a nuestras casas y yo seguía tratando de comunicarme con mi familia, la cual estuvo más cerca del epicentro. Después de veinte minutos de intentos fallidos, me llama mi tía. Ella estaba hecha un mar de lágrimas porque no pudo salir de su casa, entró en pánico y comenzó a llorar. La escuché atentamente y traté de calmarla. No se calmó del todo pero, al menos, quedó más tranquila y pudo desahogarse.
Luego me llamó mi mamá, quién no vive en el país. Mi padrastro también se comunicó conmigo. Mi mamá estaba preocupada por las noticias que iban pasando en la televisión y también tuve que calmarla.
Es en momentos como estos que debemos mantenernos juntos. Mientras unos buscan teorías del por qué o que si Dios, el poder de la oración, que si es nuestra culpa o lo que sea... Son momentos de reflexión, en vez de buscar culpables. Si algo está mal y lo sabemos, en vez de evidenciar el daño, debemos ver hacia el futuro y mejorar nuestra actitud y nuestros hábitos. Qué estamos haciendo bien y qué podemos llegar a hacer por el mundo.
No nos queda de otra que ponernos de pie y ayudar al prójimo. Si creen en Dios, adelante, pongamos fe y oremos por todas esas personas que murieron ante este desastre pero también, pongamos manos a la obra en apoyar a todos aquellos que han perdido lo único que tenían. Debemos ser agradecidos con lo que tenemos y por las personas que permanecen a nuestro lado. Ser agradecidos porque aún estamos aquí y estamos enteros. Busquemos soluciones y no culpemos a un tercero por lo que pasa, de alguna manera, en mayor o menor medida, hemos aportado para que este tipo de situaciones pasen (hablo de la contaminación y el consumismo desenfrenado). Debemos ser más conscientes de que este mundo no es para siempre y que todo por servir se acaba.
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