15
Celestina,
Me quedé tan cerca de la muerte que a partir de ella tracé un camino que me llevara siempre hacia a ti, como el que nosotros dibujamos cada vez que nos encontrábamos. Son duros los recuerdos, muy duros. Cuántas noches me dormí pensando en ti y en todos los errores cometidos, pero, vaya que te has calado en mí. Parece que te llevara sobre mis hombros cada vez que voy a la guerra. Me pesa más tu memoria que mi revolver.
Cuántos errores cometidos, tantos que voy a corregir a tu lado.
Con amor,
Valladares.
16
Estimada Doña Antonia,
Lamentamos informarle que su hijo, el H. Capitán Osvaldo Valladares ha fallecido en el altercado que se sufrió el día de ayer en la carretera hacia el pueblo. Nos ha sido imposible informarle antes, ya que se nos dificultó encontrar su cuerpo, desgraciadamente, sin vida.
Enviaremos sus restos para que pueda darle la despedida que usted considere conveniente.
Atentamente,
Municipio de San Marcos
17
Esa tarde, Celestina salió desesperada de la hacienda. Arrepentida, esa era una buena deducción. Desesperada, posiblemente. Lo que es seguro es que el corazón se le hacía añicos, como esa sensación de que cada vez se hace más pequeño, se encoje sin hacerlo. Se rompe sin parar de latir. Ese vacío apuñalado por el aire. Corrió hasta la carretera en gran llanto, mientras mantenía el puño cerrado con un trozo de papel entre los dedos.
Se sentiría culpable, por todo lo que dijo y lo que no dijo. Temblaba y sentía un frío que emanaba desde dentro. Sudaba mientras se adentraba a la zona de guerra y buscaba desesperadamente a ese hombre del que se despidió con tanto dolor.
Él quedó acorralado entre el humo y el calor de los cuerpos. Cuerpos que empezaban a enfriarme entre el olor a plomo, sangre y destrucción. Cayó sobre sus rodillas, cansado y herido. Herido de tantas maneras. De todas las decisiones que tomó por no tener valor, por la ambición que le cegó el amor, la libertad. De estar aferrado a lo correcto que se vería para otros y no para sí mismo. Esperando por una última vez, ver a la mujer que tanto amó y a la que tanto destrozó.
Y ahí la vio, en medio del humor y el caos. Parada frente a él. De un momento a otro, solo vio fuego y más humo, el ruido se hizo ensordecedor y no volvió a ver su imagen nunca más.
18
Las ceremonias se realizaron en colectivo, habían sido tantos cuerpos levantados. Unos cuantos reconocidos y otros envueltos en mantas viejas que tuvieron que apilar en una sola fosa común. Reconocido o no, muerto era por seguro. Ese fue un día llena de llanto y silencio. La alcaldía no podría recuperarse de los daños en muchos años y el ánimo del pueblo no podía verse reflejado en el destrozo de sus calles y casas, se veía en el rostro de la gente, la que quedó para contarlo y sufrirlo.
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